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EL
SALVADOR - HONDURAS
Insurrección y poder en Honduras
Honduras es el país geopolíticamente más
importante para El Salvador, pues sus aconteceres influyen,
casi determinantemente, en nuestro país, esta es
una relación simétrica, pues la influencia
tiene casi siempre doble vía.
En
esta lógica, el golpe de estado contra el presidente
Zelaya fue y es apoyado por la derecha salvadoreña,
tanto la clasista como la partidaria y en todo el escenario
de preparación, desarrollo y desenlace de la crisis
ha funcionado una intensa vinculación de fuerzas
políticas, intereses y poderes entre los dos estados
vecinos.
La
crisis en Honduras tiene tres momentos: la génesis
de la crisis, el golpe de estado y la llegada del presidente
Zelaya a Tegucigalpa. En estos tres espacios históricos
hay un hilo conductor determinado por las contradicciones
múltiples que cruzan a la sociedad hondureña
y estas son, en primer lugar, el enfrentamiento entre
los intereses del pueblo hondureño, (la mayoría
de la población y de los súbditos) y la
oligarquía dominante hondureña; luego viene
la contradicción entre la oligarquía tradicional
que controla el poder político y los sectores burgueses
no tradicionales, que buscan reglas democráticas
burguesas para asegurar las reglas del juego; después
viene la contradicción entre la autonomía
de las fuerzas armadas hondureñas y la necesidad
de democratizar la democracia oligárquica hondureña;
hay que agregar la contradicción entre los intereses
estratégicos de los Estados Unidos en Honduras
como base militar y los intereses de ese país,
de ese estado y de ese gobierno hondureño.
El
golpe de estado se desata para impedir la reforma constitucional
que ha de cambiar las reglas con que en Honduras se juega
el juego del poder y de la economía; pero los golpistas,
que son toda la institucionalidad y la oligarquía,
no contaron con que el pueblo hondureño es el más
organizado de centroamérica, ni con el papel de
los gobiernos, de izquierdas y derechas, que hay en el
continente, que no necesitan de las fuerzas armadas para
llevar adelante sus políticas y tampoco requieren
el retorno del papel dominante de los Estados Unidos sobre
la región.
El
aislamiento internacional y nacional del gobierno de facto
tiene en la resistencia heroica del pueblo de Honduras
el factor determinante, de modo que el equipo de gobierno
de los golpistas no ha podido aplicar ninguna política
ni filosofía ni ideología que permita hablar
de un nuevo régimen en ese país. Honduras
está prácticamente paralizada, el pueblo
movilizado en contra de los golpistas y el presidente
Zelaya continúa recibiendo el apoyo mundial.
Los
golpistas rechazaron la propuesta del presidente Arias
de Costa Rica, que restablecía en la presidencia
al presidente Zelaya, pero desconocía el programa
del pueblo y de Mel, que empieza con la reforma de la
constitución; los golpistas implantaron en Honduras,
el régimen de silenciar a radios, televisoras y
diarios para que no informaran, y mientras tanto, el gobierno
estadounidense aumentaba su presión diplomática
hasta llegar a quitarle la visa de entrada a los Estados
Unidos al propio presidente Micheletti.
Luego
de varios anuncios e intentos de ingresar a Honduras,
el presidente Zelaya aparece en Tegucigalpa, y se abre
así un tercer momento, en el que se convierte a
la capital en el escenario de un previsible desenlace.
Ciertamente el proceso hondureño tiene un curso
indetenible hacia su radicalización y esto está
signado por el propio peso de los acontecimientos. Para
restarle oxígeno a este proceso y solucionar la
crisis que lo alimenta, pensarán los teóricos
de los poderes dominantes, que el primer paso es que Mel
recupere la presidencia de la República, porque
esto le restará gas, según ellos, a la resistencia
hondureña.
La
presencia de Zelaya en Tegucigalpa y su alojamiento en
la embajada de Brasil altera el juego y establece un nuevo
escenario de desenlace, dentro de este cuadro, las insurrecciones
en distintos puntos de la capital resultan ser desbordantes
de la capacidad de control de los golpistas, porque siendo
Tegucigalpa el punto al que hay que confluir desde toda
Honduras, nadie puede, impedir el acceso a miles de opositores
a los golpistas.
En
las ultimas horas se ha abierto una negociación
movida por la contradicción entre los candidatos
presidenciales de los partidos nacional y liberal y Micheletti,
porque mientras Micheletti, siga donde está, nadie
reconocerá ningún resultado electoral, y
en estas circunstancias resulta ser el presidente Zelaya
el único que puede legitimar el proceso electoral
de noviembre, ¡vaya tenacidad de la historia!, resulta
entonces que Micheletti debe irse para que cualquiera
de los candidatos, ya sea Pepe Lovo o Elvin Santos puedan
ser presidentes; pero también resulta ¡mira
que cosas!, que Mel Zelaya no ha llegado a Tegu solo para
hacer presidente a cualquiera de estos dos, sino que tanto
Mel como la resistencia hondureña saben que se
trata de aprobar una nueva constitución que cambia
en Honduras las reglas del juego y el juego que se juega
con esas reglas, además de otros aspectos supervinientes
que arrastran, como cadenas ruidosas, los golpes de estado
fracasados.
Los
golpistas pueden asaltar la embajada de Brasil, pueden
capturar al presidente Zelaya o hacer otras cosas más
graves, pero nada de esto sería en su beneficio,
más bien, hemos llegado al momento en el que se
trata de salir de un remolino sin fin en el que entraron
todos aquellos que en Honduras y en cualquier otra parte
decidan estrangular a la democracia cuando esta amenace
sus intereses; en otras palabras, los sectores que decidieron
matar a la democracia para salvar a la democracia, están
llegando a los callejones en donde la solución
no se dibuja favorable a sus intereses. (COLATINO/Gutierrez)
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