|
EL SALVADOR - POBREZA Y VIOLENCIA
La
pobreza es causa de violencia?
En
medio de la crisis de delincuencia algunos analistas han
afirmado que la pobreza no es causa de violencia. Y la
prueba es que hay mucha gente buena entre los pobres.
Como esta afirmación se repite de vez en cuando,
especialmente cuando se trata de investigar las causas
de la violencia, es importante que reflexionemos sobre
la misma.
En
primer lugar tenemos que afirmar que la pobreza, especialmente
el tipo de pobreza que abunda en El Salvador, es de por
sí una realidad violenta. Y también hay
que afirmar que esa misma realidad violenta que es la
pobreza no vuelve automáticamente violentos a los
pobres. Sí, en cambio, vuelve violentos automáticamente
a aquellos ricos que pasan indiferentes ante la pobreza.
Porque no hay que engañarse. Entre los ricos y
entre la clase media hay mucha más gente malvada,
al menos proporcionalmente, que entre los pobres. Están
los hipócritas, los altaneros y soberbios, los
indiferentes ante el dolor ajeno, los corruptos, los ladrones
de cuello blanco, los legisladores que justifican el delito
con leyes injustas, etc.
Y
por supuesto no van a la cárcel en la proporción
que los pobres. Porque la organización económico-violenta
salvadoreña acaba dando mucha más ventajas
a los violentos que están arriba de la pirámide
social, más sofisticados y organizados, que a los
violentos de abajo, que por supuesto también los
hay.
Pero
la pobreza en El Salvador no sólo corresponde a
un tipo de organización social que niega oportunidades
a los más pobres, y por tanto ejerce violencia
contra ellos, sino que además está enfrentada
a una riqueza escandalosa. Las diferencias en el ingreso
entre el 20 por ciento más rico de nuestro país
y el veinte por ciento más pobre está entre
las más grandes del mundo. Con el agravante de
que esa diferencia en el ingreso y en los niveles de vida
conviven en cercanía geográfica. Exceptuando
algunas de las nuevas colonias de lujo, construidas en
los antiguos cafetales de la cordillera del Bálsamo,
no hay colonia de ricos en El Salvador que no esté
cercana a una quebrada donde se hacinan lo pobres. Riqueza
extrema y pobreza extrema conviven. Unos, desde su necesidad,
ven continuamente la riqueza.
Y
otros, encerrados tras sus muros, se niegan a mirar al
vecino que pasa hambre. Desde el nuevo edificio más
alto de El Salvador, recién inaugurado, se ven
perfectamente las casas de la cuchilla marginal que queda
justo en frente de la fachada sur de dicha torre, sólo
separada por una calle. Apartamentos de 250.000 dólares
justo en frente de casas sin luz ni agua y con suelo de
tierra. Si eso es un paisaje idílico de la geografía
urbana capitalina o un drama con graves consecuencias
sociales queda como interrogante.
Y
como la desgracia no viene sola, la propaganda consumista
se multiplica como si no hubiera problemas. Insiste en
decirnos que si no consumimos en abundancia no somos plenamente
personas. Y se lo dice también a quienes apenas
tienen capacidad de consumo. Aunque sólo fuera
por aguantar la propaganda consumista sin poder consumir
y no volverse locos por ello, habría que repetir
que los pobres son mucho mejores que los ricos.
Porque
los ricos pueden satisfacer los impulsos que mete en el
cuerpo la propaganda y eso no les hace mejores. Al contrario,
el afán de consumo les vuelve con frecuencia egoístas
e insolidarios. Mientras que los pobres soportan el insulto
permanente de una propaganda que les dice que no son nada
si no consumen. O como decía una propaganda de
viviendas de lujo recientemente, eres donde vives. Y a
pesar del agravio, ni se vuelven locos ni salen a la calle
a robar o a matar.
Claro
que los pobres son buenos. Y si tienen entre ellos gente
mala no es tanto porque la pobreza les haya hecho así,
sino porque la riqueza de otros les ha provocado tanto
que han reaccionado con un salvajismo más elemental,
pero no menos brutal, que el de aquel que pasa indiferente
ante el cuarenta y tantos por ciento de gente en pobreza,
que se olvida del ochenta por ciento que no tiene un salario
digno o que le vale sorbete la anciana que a pesar de
haber trabajado toda la vida no tiene derecho a pensión.
Al
hablar de pobreza y violencia hay que ser prudentes. Quienes
relacionan automáticamente pobreza con violencia
tienen que saber que la ecuación no es cierta.
Sería una injusticia total decir que quienes carecen
de lo necesario, además de ser los que sufren la
violencia de la injusticia, son también los más
violentos del país. Pero debemos comprender al
mismo tiempo que la pobreza es un fenómeno social
en sí mismo violento.
La
miseria engendra violencia en algunos pobres, en perfecta
correlación con el afán violento y desorbitado
de dinero de aquellos que tienen demasiado y quieren tener
siempre más. Vencer la pobreza, conseguir que El
Salvador respete los Derechos Humanos económicos
y sociales es clarísimamente un camino de lucha
contra la violencia delictiva, aunque sea un camino de
largo plazo. Se necesitan medidas de corto plazo también,
pero éstas nunca darán el resultado pleno
y deseado mientras el escándalo de las diferencias
entre la riqueza y la pobreza siga siendo tan clamoroso
en El Salvador. (COLATINO/Trojeira)
|