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Por qué en tiempos de paz la gente prefiere
irse de este país? Y ¿Por qué cuando el gobierno
habla de repunte económico es cuando más la gente
también se va? El fenómeno de la migración,
y un análisis de ello, es sumamente complejo pero en este
país las causas del por qué la gente son cada vez
más obvias y hasta el menos letrado las entiende.
Y es que, si nos fijamos, el planeta entero está
cubierto de cicatrices que los seres humanos trazan para intentar
separarse de sus semejantes. Hoy es Irak el centro de atención
en donde, en nombre de la democracia, se mata y se destruyen sociedades
y culturas. Pero los tambores suenan y se teme en otras partes del
mundo por más invasiones, también para "defender
y establecer democracia".
Los costos humanos son grandes y los que sobreviven
tienen que vivir en sociedades, digo yo, deformadas en todos sus
aspectos.
Los motivos que se esgrimen para ello son sumamente
variopintos, pero en todos ellos subyace el rechazo de lo diferente:
hay que trazar fronteras para separarse de otros seres humanos que
son de otros pueblos culturalmente diferenciados, nacionalidad,
religión o ideología política distinta. Y la
gente que sobrevive, o antes o, en medio del conflicto se va.
Pero la reacción de los países donde
la gente emigra se deja sentir con todo, ya que vemos que el motivo
más potente, más frecuente y más auténtico
del rechazo al migrante es de índole mucho más materialista:
pura y simplemente para impedir el acceso de seres humanos que son
pobres y que aspiran a escapar de penurias y calamidades.
No hace mucho tiempo que fueron abatidos el muro
de Berlín y el telón de acero que separaban los dos
grandes bloques ideológicos durante la guerra fría,
pero desde entonces se han levantado otros muros con longitudes
muy superiores: miles y miles de kilómetros de nuevas separaciones
físicas entre vecinos edificadas con la loca e infundada
pretensión de ser infranqueables.
Se han levantando así nuevos muros, barricadas,
vallas, verjas, fosos y trincheras en muchos lugares del planeta.
Prácticamente, en todos los continentes: en Asia, América,
África y hasta en Europa.
Con todo tipo de materiales: con piedras y arena,
con metal y hormigón, con alambre rezor; y sin olvidar las
tecnologías más avanzadas para el control fronterizo:
cámaras de vídeo, sensores de calor, rayos láser,
equipos de visión nocturna, helicópteros, aviones
robotizados e incluso campos de minas.
Si la corriente humana empujada por la miseria
y el hambre está ahí esperando, siempre, el que se
va porque se muere de hambre, porque quiere superar la pobreza,
acabará encontrando una vía de escape, aunque sea
por otro lugar.
Esta lección no la debería olvidar
ningún gobierno. Sin más, constatamos y nosotros como
país hemos sido partícipes del mismo fenómeno,
la realidad es que la migración se ha constituido en una
situación constante y no circunstancial o coyuntural como
se suponía.
Hoy que la expresión armada del conflicto
terminó como resultado de los Acuerdos de Paz firmados el
16 de enero de 1992, pero que algunas causas que lo generaron se
mantienen, la ola migratoria continua vigente, y ya no en forma
silenciosa como algunos años atrás, (naturalmente
durante la guerra éramos testigos del constante flujo migratorio
para cualquier parte, lo importante era irse de este calvario principalmente
si eras joven) como responsabilidad y aventura personal, sin la
mediación de las políticas de estado o la propaganda
sutil existente para que la gente se marche.
El ser humano es en este país en producto
de exportación número uno. Hoy en día el fenómeno
se da más abiertamente y hasta pareciera costumbre, y hasta
el gobierno en forma sutil lo promueve usando todo tipo de medios
de comunicación, pero a la vez se captura y dicen que se
persigue a todo aquel que es denunciado como "coyote".
Cuidado con esta doble moral. La pregunta es: ¿Por
qué en tiempos de paz se produce la inmigración? La
explicación más objetiva está en las calamidades
económicas a que se ve sometida la población y a ese
deseo nato del ser humano de imitar lo que otros hacen, pero en
este caso imitar para salir adelante, delante de la paupérrima
situación en que se vive.
La cuestión es que paradójicamente
los gobernantes dicen que hay mejoras en la sociedad y en nuestro
país lo leemos y lo vemos en los medios que secundas esa
farsa que por la forma en que se presenta ante una realidad palpable
es más agravante que un insulto. Y así lo manifiesta
la población.
En este país el costo de la vida y el desempleo
crecen de la mano cada día y no creo que hay algún
lector que se atreva a decir que no es verdad.
Pero hay algo curioso y llamativo del fenómeno,
pues los inmigrantes actuales, constituyen un espectro de población,
donde no todas son personas que proceden de los estratos más
pobres; dentro del grupo los hay de procedencia campesina y urbana
marginal -los que casi nunca pueden pasar- , pero también
hay sectores de propietarios rurales, algunos de los cuales tienen
capacidades para reunir hasta cinco mil dólares que les cobra
un traficante de indocumentados popularmente conocido como "coyote";
también hay profesionales de nivel medio y técnico,
con capacidad de reunir cierta cantidad de recursos para el traficante,
por lo general puede pasar solo el que puede pagar.
Los bajos salarios, la falta de expectativas de
vida, -aunque nadie entiende porqué los organismos internacionales
secundan que esta es mejor que antes- ha experimentado mejorías
en los últimos años, la escasez de oportunidades,
el espíritu de aventura, aspiraciones y ambiciones personales
y familiares el deseo de tener acceso a nivel de confort que produce
el consumo en aquel país, pueden estar entre las múltiples
razones que inducen a emigrar.
Naturalmente que desde la perspectiva del ser humano
adulto, la aspiración esta en su legitimo derecho; el gran
dilema radica en cómo lograr esas aspiraciones sin atropellar
el derecho de los demás.
El retorno de los inmigrantes, incluye un drama
familiar que constituye el hecho de que muchas familias se han desintegrado
y se siguen desintegrando.
A causa de la violenta separación física
de algunos de sus miembros, situación que se profundiza por
la falta de certidumbre que el futuro inmediato provoca.
Pero también puede significar la reconstitución
de familias, donde hay padres o madres que se fueron desde hace
muchos años y no reto0rnaron.
En esto del retorno hay mucha tela que cortar,
aún no hay estudios que hagan referencia al fenómeno
pero ya se prevé que de cada diez migrantes salvadoreños
tres regresarán y los otros siete se quedará hasta
morir en el país que lo recibió y hasta el último
día de su vida estarán pensando que algún día
volverá.
Muchos de ellos hasta dejaron propiedades e inmuebles
que dejaron construir precisamente con esa esperanza, la de algún
día volver. (COLATINO/Rivas)
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