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¿Miedo al cambio?
¿Qué es lo que lleva al partido ARENA y al Presidente
Saca a expresar un temor público al cambio?
¿Por qué la sola posibilidad de un cambio de gobierno
asusta tanto al partido ARENA, al Presidente Saca y a sus más
cercanos colaboradores?
Este miedo enfermizo al cambio proviene del sentido
y la naturaleza de las transformaciones que una fuerza de oposición,
de talante democrático y progresista, puede empujar a partir
de los resultados electorales del 2009.
Incluso, de los cambios de ánimo y visión
que ya se comenzaron a generar desde que esta posibilidad ha sido
visualizada por la oposición en general y la izquierda en
particular.
En las últimas semanas la mayoría
de intervenciones públicas del Presidente Saca tienen un
denominador común: insistir que en las elecciones del 2009
se juega la continuidad de las libertades o bien la implantación
del comunismo en el país.
Esta visión polarizada parte de dos supuestos
falsos que la misma realidad se encarga de desmentir: que ARENA
ha construido desde el gobierno un régimen de amplias libertades,
por lo que su salida provocaría un descalabro del sistema
democrático y que la alternancia en el poder, medida por
la llegada de un gobierno de izquierda en el 2009, conduciría
a un caos sin precedentes y a la pérdida de estas mismas
libertades.
ARENA y Saca vienen desde tiempo atrás intentando
con éxito instrumentalizar a la opinión pública,
haciéndole creer que el FMLN es sinónimo de retroceso
y que independientemente del candidato a la presidencia que promueva,
los hilos del poder serán manejados por una dirigencia autoritaria
que acabará con los avances logrados durante todos estos
años al aplicar un modelo político y económico,
pensado y diseñado, desde afuera por Hugo Chávez o
Fidel Castro.
Esta visión de la realidad, por demás
simplista y sin ningún rigor científico y responsabilidad
política, anticipa lo que será el instrumento de control
ideológico que desde el poder del estado se utilizará
en estas elecciones para controlar la mente de la población.
Como en el pasado, la derecha recurrirá
en estas elecciones a la explotación del miedo para asegurarse
el favor y respaldo del electorado.
Coherente con lo que asegura un reconocido luchador
sudafricano: "el arma más poderosa del opresor es la
mente del oprimido".
El presidente Saca busca utilizar esta arma política,
apoyado por los medios de comunicación controlados por la
derecha, con la clara intención de influir en el ánimo
de la población y decantar una decisión electoral
favorable para el partido de gobierno.
Para hacerle frente a este recurso haría
falta una presión ciudadana organizada como la que se expresó
recientemente en Costa Rica y que dio al traste con un maquiavélico
plan de dos de los funcionarios de gobierno cercanos al Presidente
Arias.
Tal como lo hizo público la prensa costarricense,
el Vicepresidente Kevin Casas y el diputado Fernando Sánchez,
le escribieron al presidente Oscar Arias, a finales de Julio pasado,
un memorando privado sugiriéndole articular una campaña
del miedo que garantizara la victoria del "Sí"
en el referendo popular del próximo 7 de Octubre orientado
a consultar a la población si Costa Rica debe o no ratificar
el TLC con Estados Unidos.
Según la propuesta de Casas y Sánchez,
el gobierno debería promover "cuatro miedos" para
alcanzar el respaldo mayoritario de los ciudadanos al tratado comercial
en cuestión: miedo a la pérdida de empleo que generaría
la no ratificación; miedo al ataque a las instituciones democráticas
que se verían afectadas si el tratado no es ratificado; miedo
a la injerencia extranjera que estaría detrás del
"no", propósito que se lograría conectando
el "no" con Chávez, Castro y Ortega; y miedo al
efecto que tendría sobre el gobierno un triunfo del "no".
Para fortuna de los costarricenses y su democracia,
los medios de comunicación filtraron la información
y esto provocó una reacción organizada de la opinión
pública que en principio ha acabado con la carrera política
del vicepresidente Casas, poniendo en riesgo la legitimidad del
propio presidente Arias, quién deliberadamente ocultó
el memorando recibido.
Más allá de lo ocurrido en el vecino
país, lo importante de esta experiencia es recordar que hace
un poco más de 3 años, la derecha salvadoreña,
apoyada en el trabajo fino de algunos ex militantes del FMLN que
hoy escriben y trabajan para ésta, articuló una campaña
similar basada en el temor y en la mentira.
No sólo la propaganda oficial sino muchos
de los artículos de opinión y del contenido de una
serie de charlas organizadas por el partido ARENA en algunas grandes
empresas del país, tenían el firme propósito
de propagar el "miedo" hacia la izquierda y a un eventual
gobierno del FMLN, incluso, muy a pesar de que las encuestas de
opinión no le concedían ninguna posibilidad de victoria
a este partido político.
El resorte del miedo funcionó y aunque no
explica por sí mismo el desempeño electoral del FMLN,
con el fallecido líder Schafik Handal a la cabeza, no cabe
duda que algún impacto tuvo en la conciencia de los electores,
especialmente, de los indecisos.
Ahora es el propio Presidente Saca, actuando más
como jefe del COENA que como mandatario, quién recurre a
la propagación del temor para conquistar las voluntades de
votantes cansados de 18 años de gobiernos de ARENA pero con
alguna desconfianza en una probable gestión del FMLN.
La verdad que los salvadoreños no deberíamos
tener miedo a la izquierda, aunque sí rechazo a que las cosas
sigan igual de continuar ARENA en el poder.
En el fondo, el miedo de Saca no es el miedo de la población
a perder sus libertades.
El miedo de Saca es el temor a que ocurran dos
fenómenos imparables en el escenario probable de una alternancia
en el poder: a que se destape la corrupción, que ha favorecido
a los más cercanos colaboradores del mandatario, y a que
acaben los privilegios concedidos desde el poder.
Por eso en estas elecciones no estará en
juego la libertad vrs el comunismo.
Lo que deberán escoger los salvadoreños
es entre el continuismo de ARENA, entre la permanencia de un Estado
autoritario, excluyente y patrimonialista, o la posibilidad de construir
un Estado social de derecho, que haga de la persona humana el centro
y fin de la actividad y el quehacer público. (COLATINO/Mauricio
Funes)
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