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El
Salvador - EXPLOTACION MINERIA
Explotación minera: otra forma de colonialismo
Hablando
de solidarismos, nuestro pueblo luchador, en su totalidad, debe
unirse y apoyar resueltamente en todas las formas posibles, las
marchas y protestas de comunidades contra proyectos de explotaciones
mineras en algunas zonas en el Norte y el Oriente de nuestro país.
Dichas
comunidades saben, ya sea por experiencias en otros lugares, por
intuición o por lo que es la sabiduría popular, que
tales proyectos no les traerá ningún beneficio real,
sino más bien perjuicios de diferente naturaleza como son
daños a la salud, pérdida de la riqueza del subsuelo,
así como de nuestra dignidad e independencia, ya que se veremos
sometidos a una forma de servidumbre bajo el yugo de las empresas
transnacionales que pretenden dedicarse a la explotación
de los metales preciosos que son parte de la riqueza y de los pocos
recursos naturales que le quedan a nuestro país.
Tales
proyectos tienen un nombre claro: colonialismo moderno con otra
cara. Y de colonialismos ¡ya basta! ¡Nos sentimos los
salvadoreños hasta la coronilla y nos están estrangulando!
Es
una desgracia el que el Gobierno esté dispuesto a otorgar
los permisos para esa nueva forma de saqueo que padecemos en nuestro
país. Si es cierto que hay democracia aquí, póngase
atención, escúchense las voces de protesta y rechazo
del pueblo a dichos proyectos mineros.
La
Iglesia ya ha escuchado esas voces de alarma y se ha pronunciado
también en contra de ese nuevo vandalismo de los colonialistas
extranjeros. En mayo de este año la Conferencia Episcopal
de El Salvador emitió el documento "Cuidemos la Casa
de Todos", en el que señaló que la explotación
minera a cielo abierto o subterránea constituye un grave
peligro para la salud y el medio ambiente.
Nuestro
Arzobispo Metropolitano, Monseñor Fernando Sáenz Lacalle,
ha recordado recientemente ese claro y contundente pronunciamiento,
diciendo que aunque "la llamada minería verde probablemente
pretende hacer reforestación de zonas, hay que tener en cuenta
que el 98 por ciento del oro que se extrajese se lo llevarían
afuera y que al país le quedaría solamente el 2 por
ciento
".
¿Qué es eso? ¿No es puro colonialismo explotador
del Siglo XXI, igual al que lo padecimos de los españoles
hace 500 años? ¿Por qué el Gobierno, de hecho,
ya lo está permitiendo? Se sabe que al momento, el Ministerio
de Economía ha concedido nada menos que 28 permisos a 10
empresas extranjeras para explotaciones mineras en el Norte del
país.
¿Es
que tiene sentido humano exponer a grandes comunidades a padecer
las consecuencias negativas de tales explotaciones?
Serían
negativas las consecuencias porque, en primer lugar, por míseros
salarios, en las extracciones subterráneas los trabajadores
se exponen a elevados riesgos de morir asfixiados o sepultados (como
ha ocurrido hace poco en China y México, para citar sólo
dos ejemplos) con las explosiones que se provocan para remover grandes
masas de tierra y dejar al descubierto los metales preciosos; en
segundo lugar, el medio ambiente se contamina y envenena la población
con el cianuro en grandes cantidades que se emplea en las extracciones
de esta naturaleza; y en tercer lugar, el robo de nuestra riqueza,
al llevarse afuera toneladas de oro, como se estima que contiene
nuestro subsuelo en las zonas ambicionadas.
Aunque
el Gobierno es respetuoso de la libertad de expresión, como
una excepción debería prohibir la fuerte, truculenta
y engañosa campaña publicitaria, especialmente por
la radio, que se mantiene hablando de imaginarias bondades que genera
la "minería verde", como le llaman, mintiendo que
son incalculables los beneficios para los países y las comunidades.
Lo
que nuestro país necesita no son explotaciones que contribuyan
a la devastación de nuestro ya de por sí empobrecido
suelo y grave deterioro en el medio ambiente, como lo prueba la
reducción del caudal del Río Lempa, y las extensas
zonas desérticas que antes eran tesoros boscosos; lo que
necesita son obras en gran escala e intensivas de reforestación
a nivel nacional.
Las
entidades ecologistas que tenemos en el país harían
bien en organizar una marcha multitudinaria del pueblo para rechazar
la explotación minera, por constituir otra forma descarada
de colonialismo que intereses extranjeros pretenden imponernos a
los salvadoreños.
Defendamos
nuestro orgullo y nuestro nacionalismo patrio: cuidemos la poca
independencia y soberanía que nos van quedando. (Colatino/Girón)
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